lunes, 14 de septiembre de 2009

Pensando en Carla Vera


Ayer me sorprendió el notición: Me llamó mi amigo Álvaro Barrueto y me contó que falleció Carla Vera, en un confuso evento -que la prensa llamó suicidio- y que nadie que la conoció se atreve a llamar de esa forma...

Y justamente, una hora antes, mientras me probaba una blusa ultra linda, semi transparente, elegante y costosa, yo pensaba en ella. Era su estilo de ropa.

Frecuentemente, cuando trabajaba en la refinería, pensaba en que quería ser como la Carla Vera. En ella, todo parecía parsimonioso y calmo. Y no sólo por sus enormes ojos claros y su cara pecosa y dulce, sino que también por su estampa pequeña y refinada, casi enjuta, fotografía perfecta de la belleza que se profesa en estos días.

Yo no dejo de pensar en ella, linda, y las pequeñas conversaciones que sosteníamos en el baño. Y también recuerdo cuando participamos en un Seminario de Responsabilidad Social Empresarial desde el punto de vista del género. Cuando, de vuelta y al bajar de su auto, me caí al suelo y ella corrió a recogerme, tan cálida, tan preocupada.

Quién lo diría. Dicen que la procesión se lleva por dentro. Yo, simplemente, lo lamento. Y pienso en su familia, en su hermano, en su ex novio. Pienso en el 18 triste que pasarán quienes la amaron. Pienso en el agujero en el pecho que, más grande o más pequeño, nos dejó a todos con su caída.

jueves, 23 de julio de 2009

No, en realidad, no es el lugar para mí.



Todavía estoy consternada con el poder de los insultos. Un insulto bien proferido, conociendo las debilidades de aquel que maldices, es un arma -yo diría- tan terrible como un cuchillazo, pero que se da en el alma, en esa materia inasible que es la identidad y con la que nos vemos todos los días, eso que nos habla cada vez que estamos frente al espejo, eso que hace que nos enamoremos, que tengamos amigos, que confiemos o desconfiemos de alguien.

La verdad es que estoy triste. A pesar de que me crié en un cerro de Valparaíso, en donde el insulto es cosa diaria para convivir con el resto (tanto, que casi no parece insulto), ya no tengo la costumbre de recibir, dar ni permitir insultos. Pero no me quedó otra que sentarme y escuchar a un superior en el trabajo, mientras me decía que mi apariencia no es la apropiada para el cargo y que parecía bruja. Detrás de él había una ventana desde la que se veían las ramas de un árbol. Puse mi vista en esas hojas, fijamente y soporté el embiste con todo el honor que se puede recibir un insulto de tal tipo. Sólo quería que dejara de hablar. Y no pude evitar recordar todas las veces en las que un compañero de trabajo, una compañera de trabajo, un amigo o una amiga me contaron las brutalidades que un jefe les decía, cómo esto les causaba dolor, cómo ello socavaba su autoestima y los desmotivaba profundamente. Nunca había entendido esas palabras como me pasa hoy, ahora.

¿Por qué la gente se permite dar juicios tan rotundos, tan dañinos sin medir las consecuencias? ¿Habrá pensado este personaje -y todos los demás como él- que después de eso se sigue trabajando de manera productiva? ¿Piensan las personas en el daño que le hacen a otros, a los menores a ellos, quienes dependen de su guía? ¿Piensan los que se dicen cristianos o católicos en que a esos que tienen bajo su poder son precisamente aquellos en los que se puede ver el rostro de Cristo en la tierra?

viernes, 22 de mayo de 2009

Los Secretos Poderes de Facebook, Pensamientos sobre la Vida Contemporánea



A decir verdad, me paso muchas, muchísimas horas de mi semana en el trabajo. Casi no veo a mi madre o a mi quiltra y sólo en vísperas de feriado logro reunirme con mis amigos. Vivo en una suerte de cansancio sempiterno y en este rodar y rodar, todos los días necesito una válvula de escape que se llama facebook.

Al principio, cuando vivía en Conce, era la herramienta para saber de mis amigos, de mi familia, de sentirlos un poco más cerca. Pero, en esta época de mi vida, he descubierto algunos de los secretos poderes de facebook.

Hace un par de días, leí en un foro ocioso que yo misma hice (titulado "¿Por qué nos gusta Sheldon?"), el testimonio de una madre de un niño Asperger que escribió su nombre con las letras inversas cuando tenía dos años y medio, y se los indicó en el espejo. Por el nombre de Jen aparecía esa historia. Y me da lo mismo si corresponde a algo verdadero o simplemente verosímil, el asunto es que era una historia conmovedora, original... Pero mi sorpresa ante los secretos poderes de facebook no queda en esto nada más: otra persona, de cuyo nombre no me recuerdo, comentaba que era Asperger y que era una etiqueta que le permitía relacionarse con una parte de sí que le había sido difícil de encarar, pero que, al ser aceptada, le había hecho la vida más fácil y feliz. Mi pregunta es cuántas veces en la vida, alguien tiene la suerte de acercarse al interior de un Aspie. Insisto, verdad o ficción, no deja de maravillarme.

Y el asunto no termina ahí. Desde que tengo en facebook a mi primo Felipe, no deja de llamarme la atención cuánto tira la sangre, pues, conociéndonos tan poco, hay cosas en las que nos parecemos tanto. Uno no tiene idea de cuánto hay en los genes que nos hace ser de cierta forma. Otro misterio más. Qué bueno que, a pesar de que se pueda pensar que la vida se va en esto de tanto trabajar, el poder de la sorpresa no se agota y, aun más, aparece en las instancias más curiosas que podrían haber. Como facebook.

viernes, 1 de mayo de 2009

Día del trabajo y ser feliz



Antes me parecía un día festivo más. Al día de hoy, me parece casi un milagro, una alegría. En los actuales tiempos, al parecer, el recurso más escaso es el tiempo y un día de asueto es un verdadero, aunque breve, premio.
Quizás todo esto me pasa porque me costó mucho madurar y, de acuerdo a ello, siempre me negué a trabajar muchas horas al día, a que el tiempo se me fuera en el trabajo. En esta época de mi vida, conozco a muy poca gente que pueda declinar cuando le ofrecen una pega, ya se sabe: las noticias no dejan de alarmarnos (en demasía, pienso yo) respecto de las enfermedades, de los costos de la vida, del desempleo, la delincuencia.
Pareciera que la cultura en la que estamos inmersos no nos dejara ponernos en contacto con nosotros mismos, con nuestras necesidades, con los que queremos. Así que para celebrar el día del trabajo, me quedé toda la mañana en cama, jugando con el twitter y facebook, dormí sin tener que despertar para salir corriendo a la oficina o algo así y me reuniré con amigos queridos, compartiremos una buena comida, música, nos reiremos un rato, bailaremos. Maneras simples, pero con resultados comprobados para sentirse feliz.

domingo, 12 de abril de 2009

After Dark o una Interpretación de la Oscuridad.



¿Qué es la oscuridad? Al parecer, esa es la interrogante que Haruki Murakami quisiera responder con este libro, en el que, en una noche, se dejan ver las oscuridades más diversas que nos acompañan y/o portamos.
Se trata de una narración de apariencia calma -como una noche- cuyas sombras lentas pueden alcanzar alturas trágicas (como en el caso de Eri Asai). Como se señaló en The New York Times Books Review: "Murakami escribe la mitología del nuevo milenio".
Como en todas las novelas de Murakami, hay personajes entrañables, como Kaoru, Komugi, Takahashi o la misma Mari Asai. Sin embargo, no se alcanza la vorágine onírica de Kafka en la Orilla, su libro anterior, que remueve las entrañas de cualquier amigo de la literatura. No es eso, tampoco, lo que promete After Dark.
After Dark nos invita a practicar un ejercicio de observación minimalista para, luego, devolvernos a nuestras vidas, mirando a las noches, el dormir y a nuestras hermanas de otra forma. Y, por sobre todo, a esperar, sin ninguna certeza, pero con fe, la llegada de la luz del día.

domingo, 15 de marzo de 2009

Hace un año...


...Estaba en Concepción, celebrando el cumpleaños de Anita Apablaza y pensando que no sería tan importante para mí eso de no asistir al concierto de Jarvis Cocker. Desperté regando las plantas y, más tarde, fui a la peluquería a que me alisaran el pelo. Pasé a buscar a Barrueto y su hijo de cuatro años me dejó en claro que me consideraba guapa (dijo que me veía "chipi" y, cuando se despidió, "chao, mi negri"). Dolores había hecho sushi para celebrar a la Ani y lo pasamos muy bien, aunque yo no entendía esa necesidad o ese estado en el que todos estaban y que implicaba estabilizarse, asentarse. En general, me sentía confundida, algo apesadumbrada porque mi relación amorosa no me satisfacía y pensaba que las cosas que, en mi fuero interno, anhelaba, eran inalcanzables.

Hoy, vivo en Viña. Desperté esta mañana con Martín (el gordo gato siamés que tengo por compañero de cama) apoyado en mis brazos y ronroneando, tomé el teléfono y le canté el cumpleaños feliz a Anita Apablaza otra vez. Todavía no puedo creer que no haya visto a Jarvis Cocker (¡¿por qué me hice eso?!), sobre todo, con los comentarios que provocó. Hace un par de noches, yo fui la que hizo sushi para sus amigos y no siento, para nada, que el pelo liso me haga ver más guapa. Al contrario, amo mis rulos, hoy teñidos color ámbar -que, en realidad, me hacen ver algo más castaña.

Pero lo que es mejor que todo es que me siento firme, soy muy feliz con la persona que está a mi lado y a cuyo lado me encanta estar. Los sueños parecen más cerca que nunca de cumplirse y lo curioso es que son sueños de asentamiento, de estabilidad. Lo vine a entender un año después ¿Será que esto es crecer?