domingo, 12 de abril de 2009

After Dark o una Interpretación de la Oscuridad.



¿Qué es la oscuridad? Al parecer, esa es la interrogante que Haruki Murakami quisiera responder con este libro, en el que, en una noche, se dejan ver las oscuridades más diversas que nos acompañan y/o portamos.
Se trata de una narración de apariencia calma -como una noche- cuyas sombras lentas pueden alcanzar alturas trágicas (como en el caso de Eri Asai). Como se señaló en The New York Times Books Review: "Murakami escribe la mitología del nuevo milenio".
Como en todas las novelas de Murakami, hay personajes entrañables, como Kaoru, Komugi, Takahashi o la misma Mari Asai. Sin embargo, no se alcanza la vorágine onírica de Kafka en la Orilla, su libro anterior, que remueve las entrañas de cualquier amigo de la literatura. No es eso, tampoco, lo que promete After Dark.
After Dark nos invita a practicar un ejercicio de observación minimalista para, luego, devolvernos a nuestras vidas, mirando a las noches, el dormir y a nuestras hermanas de otra forma. Y, por sobre todo, a esperar, sin ninguna certeza, pero con fe, la llegada de la luz del día.

domingo, 15 de marzo de 2009

Hace un año...


...Estaba en Concepción, celebrando el cumpleaños de Anita Apablaza y pensando que no sería tan importante para mí eso de no asistir al concierto de Jarvis Cocker. Desperté regando las plantas y, más tarde, fui a la peluquería a que me alisaran el pelo. Pasé a buscar a Barrueto y su hijo de cuatro años me dejó en claro que me consideraba guapa (dijo que me veía "chipi" y, cuando se despidió, "chao, mi negri"). Dolores había hecho sushi para celebrar a la Ani y lo pasamos muy bien, aunque yo no entendía esa necesidad o ese estado en el que todos estaban y que implicaba estabilizarse, asentarse. En general, me sentía confundida, algo apesadumbrada porque mi relación amorosa no me satisfacía y pensaba que las cosas que, en mi fuero interno, anhelaba, eran inalcanzables.

Hoy, vivo en Viña. Desperté esta mañana con Martín (el gordo gato siamés que tengo por compañero de cama) apoyado en mis brazos y ronroneando, tomé el teléfono y le canté el cumpleaños feliz a Anita Apablaza otra vez. Todavía no puedo creer que no haya visto a Jarvis Cocker (¡¿por qué me hice eso?!), sobre todo, con los comentarios que provocó. Hace un par de noches, yo fui la que hizo sushi para sus amigos y no siento, para nada, que el pelo liso me haga ver más guapa. Al contrario, amo mis rulos, hoy teñidos color ámbar -que, en realidad, me hacen ver algo más castaña.

Pero lo que es mejor que todo es que me siento firme, soy muy feliz con la persona que está a mi lado y a cuyo lado me encanta estar. Los sueños parecen más cerca que nunca de cumplirse y lo curioso es que son sueños de asentamiento, de estabilidad. Lo vine a entender un año después ¿Será que esto es crecer?

domingo, 22 de febrero de 2009

Amalia y Martín


Mucho se ha escrito de los gatos, de lo adorados que fueron en Egipto, de lo bellos y definitivos que son, como mencionó Baudelaire y Edgard Allan Poe, cada uno a su forma; de cómo el ethos del gato quiere -quiso- ser atrapado en la eternidad por un Johnny Walken y de cómo un hombre de sombra liviana, llamado Nakata, podía hablar con ellos.

Quisiera tener pretenciones abstractas, tan altas, estéticas e imperecederas como las anteriores. Pero quiero escribir de Amalia y Martín, a quienes, en mi simpleza, confundí con siameses cuando su majestuosidad es birmana, cuando sus juegos siempre han estado llenos de un significado que yo no podía comprender, como un espectador inocente ante una danza sufi.

Hoy, Martín está obeso y duerme pegado a mí, mientras escribo. Ya aprendí que se le llenan los ojos de negro cuando tiene rabia, que exhibe su barriga al aire cuando apetece cariño. Martín es dulce y arisco, suave y tosco.

Hoy, Amalia está enferma, duerme tranquila, y mi alma se acongoja y busca culparse porque la Malita no está bien. Amalia juega todo el tiempo y es curiosa, y le encantan los machos, y cuando está así de quieta, mi alma se parte y quiere darse a ella -como un soplo de luz- para que vuelva el júbilo y la travesura, como cuando se producen los deshielos al llegar la primavera y la vida emerge por doquier.

Y busco el perdón de Amalia y Martín porque, aun haciendo mi mejor, pero pobre y humano intento, no he sabido del todo amarlos y cuidarlos bien.

miércoles, 21 de enero de 2009

Esta vida es la que siempre quise




Escribo de mañana, en mi laptop, tal como lo hace diariamente Roberto Ampuero a quien tuve la dicha de escuchar algunos días atrás, gracias a mi querido Rafael.–pero no escribo tan temprano, no en un café, no en los States, recientemente presididos por Obama (oh, eso ya suena muy feliz).

Esta es la vida que siempre quise: hay silencio y eso me permite pensar, escribir y leer (¿no son un poco la misma cosa para el espíritu las tres?). Y cuando no quiero silencio, juego con Martín y Amalia (los maravillosos gatos siameses de mi amiga Calista) o salgo a la calle, o camino cinco cuadras hacia la casa de mi madre y juego con el perro (la quiltra, mi Buffy), riego las plantas y los árboles del patio de atrás, juego con mi hermano, converso con mi madre. Es tan bueno estar cerca, pero también estar aparte ¿Sonaré un poco a Emily Dickinson en mi amor por el jardín y esa cierta distancia metafísica? En fin, da lo mismo, esta es la vida que siempre quise.

Mis primas, que son como las hermanas que no tuve (pero que sí tengo), están cerca y con ellas, mi fabulosa sobrina. Interna y también externamente, me reconcilié con las personas con las que tuve peleas, como así también, con aquellas con las que he tenido discusiones. Me gustan las cosas simples: el calor de la familia, después de haber estado años lejos de ella y un poco de comprensión, después de haberse argüido diferencias irreconciliables, incluso, me complazco con el solo intento. En esta simpleza tan naive está la vida que siempre quise.

Y, por supuesto, soy un ser humano normal, y siempre anhelo más: me gustaría tener hijos e hijas, y poder conocer Kyoto en clan; me gustaría haberme leído ya todos los libros de Ampuero y de Haruki Murakami, pero, ¡por el amor de Dios, me falta tanto por leer!; me gustaría saber de Historia, de Filosofía y de Teología, mucho más que lo poco que sé; me gustaría que mi menisco derecho no estuviera dañado, de manera de practicar artes marciales y levantar pesas, como la chica ruda que pretendo ser; me gustaría haber visto todas las películas de Bergman, de Fellini, de Tarkovsky, Bertrand Blier y muchos otros cineastas más; pero la vida es como es y, en mi caso, la que siempre quise y mis tiempos son bastante más prosaicos que lo que yo misma quisiera, pero da lo mismo, soy feliz y eso es lo que vale.

lunes, 12 de enero de 2009

Into the Wild


… Soy yo, pero también sé que son hartos más, algunos he conocido, que creen que la libertad es alcanzable, que es un ejercicio.

… Soy yo, pero también espero que sean muchos más los que no se dejen invadir por esta cosa rara y pesimista que está circundando, lo de la crisis y las deudas, lo de que las cosas seguirán mal.

… No soy yo, es verdad: el aire es gratis, pero el agua no, aunque dicen que a nadie se le niega un vaso de ella.

… Y me tinca que en estos tiempos de crisis, que sí, claro que la hay, lo mejor es tener redes de apoyo, de amigos, familiares, con los que compartir y no perder el corazón por un ataque, porque se aprieta por las cuentas (cuando siempre, siempre son solucionables todos los problemas).

… Además, es verano ¿se dan cuenta de que hay calor y gente contenta por todos lados? ¿de que se puede, eventualmente, ir a pie a la playa o pasear al perro o acariciar al gato, o mejor si se tiene polol@ o un gran amig@ con el que compartir una película, un té con pan batido, una cerveza para hacerle el quite al calor o cualquier otra cosa al gusto del lector?

… No soy yo, es verdad: todos nos preocupamos de repente, pero la vida es tan amplia como el cielo. A veces sólo basta una canción buena, como estas de Ed Vedder, para recordarte que estás viv@ y junto con ello, lanzarte a la ola, abrirle el pecho al viento, sentir y dejarse ser.

… Soy yo, pero ¿querrán algunos acompañarme en esta invitación?

viernes, 19 de diciembre de 2008

Diez cosas que espero para el próximo año



1. Pasar el Año Nuevo en la playa (literalmente, no como los de Santiago que a toda la ciudad le dicen playa, jajaja), con una botella de champaña y algun@ de mis nuev@s amig@s.
2. Bailar hasta el amanecer en Blondie Valparaíso (gracias por el dato, Cinthia Vásquez).
3. Cuidar con prolijidad total el departamento y a los gatinis de la Calista.
4. Pasear con la Buffy por la playa.
5. Pasear a pie descalzo por la playa.
6. Dejar de fumar, pero después de la Blondie.
7. Andar en bicicleta y recuperar un buen estado físico.
8. Carretear con la Cuky, Tomás, Maurice, Rafa.
9. Recibir visitas de Conce en Viña (o sea, Evelyn, Félix, Felipe, Boris, ya saben dónde los quiero ver en el verano).
10. Viajar, de vacaciones, por favor.

Por su atención, muchas gracias.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Las Cosas que extrañaré terriblemente de Conce...




• La vista desde el estar de mi departamento, desde la que el cielo del sur se ve en su más inmensa y antojadiza extensión… pero siempre con nitidez, siempre un cielo tan magno.
• Los buenos días que le digo a toda la gente con la que me voy en el bus y las conversas con Mario.
• Los almuerzos ricos de enap.
• Andar a pie descalzo porque el departamento en el que vivo es alfombrado.
• Dormir en el colchón de dos plazas.
• Tomar té y comer panes ricos con Evelyn.
• Hacer carretes en mi depa con Boris, Félix, Esteban, Felipe, Consuelo y todos los que algunas vez llegaron.
• Las visitas a la casa de la Jessica y Álvaro, conversar con el Benja.
• Las lecturas de poesía de organizadas por Omar Lara o el Centro Cultural Trilce.
• Los abrazos de mi amigo Álvaro cuando estoy frustrada por la pega.
• Decir a cada rato “el compromiso es hoy” y otras frases burlonas producto de la pega, y de las que el Sr. Chavarría se ríe mucho.
• Las películas maravillosas que dan en la Alianza Francesa, la buena conversación de Roberto, Pablo y todos los franceses participantes (sorry, pero no me acuerdo cómo se llama el otro joven que siempre está y que es muy entretenido para conversar, pero gracias a él por extenderme la invitación a comer después de la última película de Bertrand Blier, me hubiera encantado ir).
• Tener Internet gratis desde la ventana de mi departamento porque vivo en el centro.
• Saludar a los conserjes todos los días.
• Tener ópera cerca de la casa por lo menos dos veces al año y poder conversarlo con la María Victoria.
• Las visitas a la laguna de patos y cisnes de la U de C.
• Los domingos en la iglesia, con Ruth, Eduardo, Patrick, Yerko, Rosmarie y tantos más.
• Las salidas chistosas a Pedro de Valdivia (con Dolores, César, Jaime y todos los demás con quienes alguna vez fui).
• El departamento ordenado como por arte de magia por mi nana maravillosa que es evangélica de tomo y lomo.
• La peluquería que está al lado del edificio.
• Las citas estupendas que tuve con Marianne Dahnier y Luis González, lo mucho que me ayudaron.
• La amistad y consejos que los caballeros de Enap me ofrecieron (como don José, el tío Delfín, don Ivo, don Heriberto, el Sr. Carlos Tippmann, don Luis Gaona, don Napo, don Ismael, don Rola y tantos otros –perdón, no los alcanzo a nombrar a todos).
• Los retos de la Mónica Arrau porque me río muy fuerte en la biblioteca o porque llego sin maquillaje y/o chascona en la mañana al trabajo.
• Haber conocido personas de buenos sentimientos y de las que aprendí mucho (Dolores, Anita y Rodrigos, Álvaro, Hugo, Mauricio, Lena).
• Los almuerzos con Ana Amada y Víctor Rosales.
• Las bromas de los muchachos de Analizadores.
• Lo bien que lo pasé en las reuniones de TI y de Abastecimiento (grande profesor y la maestra, de las personas más simpáticas que he conocido en mi vida).
• Lo serios que fueron Juan Carlos Guevara, Teófenes Sovino, Germán Spoerer, Guillermo Viñas, Vivi León, Vero Sánchez, Marcelo Molina, Nelson Espinoza, Julio Sarmiento, Darío Catalán y Pedro Flores –entre otros– cuando nos tocó trabajar juntos.
• Fumar un puchito con Rodrigo, conversar cosas polémicas y divertidas.
• La infinita gentileza de Geraldine Villa y la Tamarita.