viernes, 20 de febrero de 2015

Cinco razones por las que siempre será un error preguntarle a una mina por qué no tiene hijos




1. Encarna el mandato del patriarcado: ¿Ha escuchado usted alguna vez a un hombre preguntándole a otro por qué no tiene hijos? Yo, jamás. El cuestionamiento a las mujeres que no tenemos hijos se produce, pues subyace la idea de que es un deber ser femenino (y únicamente femenino) el parir, como si el sentido de la vida fuera cumplir con un rol tradicional que no se exige a las parejas de las cuestionadas.

2. Falta a la privacidad: ¿Le gustaría a usted que le preguntaran, sin ninguna explicación, si se rasura el culo o los testículos? Algo así siento cuando me interrogan sobre por qué no tengo hijos. Es algo personal y un tema inherente a la pareja. Bajo ningún punto de vista es un tema público. Además, normalmente el que lo pregunta no es ni tan amigo y se posiciona en un lugar que excede el contacto social adecuado.

3. Demuestra un intento de dominar sobre los demás: Muchas personas creen que saben mejor que yo qué es lo que tengo que hacer con mi vida. Sé que se hace con buena intención (o por lo menos, eso dicen), pero créanme, sé lo que me gusta y me hace feliz, mucho mejor que cualquier otra persona.

4. Es impertinente y usted lo sabe: Usualmente, con posterioridad a todos los enunciados que buscan presionar para que tener hijos, aparece la queja porque la gente le insiste, al que tiene hijos, en que 'tenga la parejita, el segundo o el tercero'. Quienes están siendo impertinentes, se quejan de que los presionan a ellos ¿No le gusta que se metan en su vida? Entonces, sea coherente y no opine con la misma liviandad de la que acusa a quienes a usted le importunan.

5. Cuidado con el desconocimiento: ¿Usted le daría una perorata de quince minutos sobre lo maravilloso, místico y exquisito que es correr la maratón a una persona que no tiene piernas? Puede ser que usted esté hablándole de las bondades de la maternidad a una persona que sabe que jamás podrá tener hijos. Como mínimo, un poco desubicado ¿o no?

miércoles, 5 de marzo de 2014

Soy profesora


Para los que no me conocen: soy profesora.

Estudiar mi carrera fue mi primera opción (y antes de los ofertones de becas). Me saqué sietes en la universidad, incluso, terminé ramos con esa nota. También fui ayudante y trabajé incluso antes de titularme, haciendo reemplazos. Varias veces en mi carrera, he sido evaluada como "la mejor profesora de..." en varios de mis trabajos. Me gusta trabajar en colegios y lo considero, socialmente, muy importante. Aclaro esto porque no estoy hablando desde el resentimiento, sino que desde un profundo profesionalismo.

Hoy, con asombro, he visto que Evelyn Matthei hace clases de Matemáticas en un colegio, sin ser profesora.

Y me pregunto:

¿Qué pasa con los saberes esenciales de una profesión que se relacionan con procesos críticos de ésta? ¿Qué seguridad tenemos de que este personaje público sepa construir evaluaciones? ¿O evaluar diferenciadamente? ¿Qué conocimientos tiene ella de psicología del adolescente o de problemas del aprendizaje? ¿Conoce los instrumentos con los cuales se evalúa la calidad de la educación? ¿Sabe preparar a los estudiantes para esas mediciones estandarizadas? ¿Qué sabe de cognición, procesos de aprendizaje y didáctica? Por supuesto que a estas preguntas, muchas más se podrían agregar y no sólo en relación con esta ex candidata presidencial.

Creo que hay un profundo desconocimiento público de lo que hace el llamado "buen profesor", si se piensa que cualquier otro profesional lo puede hacer sin tener, al menos, una licenciatura en educación. Cualquiera que haya leído un mínimo de educación sabe que la noción de "especialista", entendido como el principal requisito para practicar la docencia, está obsoleta.

Sé que la ley permite esta situación. Así que quisiera extender una invitación pública para que el legislador me permita, con una simple prueba, habilitarme como abogada, ingeniero comercial, periodista o trabajadora social, todas ellas carreras profesionales como la mía.

viernes, 10 de enero de 2014

Un acierto y una desilusión, a un paso de distancia



Unos años atrás, por mera casualidad, vi el primer episodio de Elfen Lied. Me pareció, en ese momento, una serie extraordinaria y me prometí a mí misma verla completa con el tiempo.

Hoy, estoy en el capítulo 11 (de 13) y siento que yo misma me disparé en el pie. No es que quiera terminar de verla, pero lo ansío, para poder hacer pedazos la serie con final incluido.

¿Cómo es posible que en una serie tan corta, el espectador sienta que hay capítulos de relleno? La trama nunca acaba de urdirse bien y los personajes se presentan caricaturescos, es decir, planos, lo que va absolutamente en contra de la buena animación (darle alma al dibujo).

En el mundo de Elfen Lied, los adultos son violentos, abandonan a sus pequeños hijos o derechamente abusan sexualmente de ellos. Los jóvenes están solos y desamparados en su búsqueda de un amor inocente y, la mayor parte de las veces, torcido. Creo que estoy a punto de hacer una campaña para enviar al creador de esta trama a terapia. Urgente: hágase ver, solucione sus temas pendientes.

Mención aparte, el opening. Leí recién una crítica que lo mencionaba como una de sus mejores cosas. Discrepo absolutamente con ello: ¿qué diablos tiene que ver Gustav Klimt con una serie mediocre con tintes románticos y gore? ¿No es acaso snob y pretencioso a niveles increíbles que el tema principal esté en latín? Además, su estética no tiene relación alguna con lo que se ve en la serie. Como dicen los gringos: BULLSHIT.


martes, 19 de marzo de 2013

Adiós, Horizonte.

Soy una de esas personas que necesitan de la música como del aire.

En mis mejores sueños, alguien dice de mí que soy una melómana.

Todo. El dolor que creo va a matarme y el día que es luminoso como el sol de ese perfecto verano. Todo. Todo es mejor con una canción. Todo es una canción en mi cabeza.

No quiero decir con eso que sea compositora o instrumentista, porque no, ni de lejos. Quiero decir que, en mi cabeza, siempre hay una canción sonando y una letra –que igual que un poema– sirve para asir con precisión magnética lo mejor y lo peor de la vida.

Y, ayer, cuando quedaban pocas horas para el final de que mi soundtrack personal, Radio Horizonte, se acabara, me di cuenta cuál era mi tema para este final. It’s the end of the world as we know it. Casi sentí que podía cantar el I feel fine que le sigue, mientras escuchaba la sobriedad de Nicolás Castro en la despedida de El Gran Escape, a la vez que una serie de temas hermosos, llenos de sentimiento y simbolismo.

Así se fue el día más sentido de la Horizonte y, al aire, las canciones elegidas con más pasión que nunca.

Lo que me pasa es que no sé qué canciones escuchar ahora. Ni dónde buscarlas. Ni cómo deshacerme de esta congoja que no me abandona. Porque la música ha muerto en el dial, ha muerto el sentido de comunidad musical, y no sé qué hacer porque soy una de esas personas que necesitan de la música como del aire y de mirar un horizonte en conjunto, también.

domingo, 8 de enero de 2012

Sesgos, puntos ciegos y pensamiento mágico, everywhere I go.





Abro el diario y aparece un estudio que relaciona la variable “estudios de la madre” con el desempeño de los estudiantes que rindieron recientemente la PSU. Tan sesgado que los “investigadores” ni se cuestionaron que la misma variable, en estudios anglosajones sea “parents degrees” (“estudios de los padres”). Siguiendo con la tradición chilena, es la madre la que tiene ingerencia en los estudios de los hijos. Al padre no le corresponde, es invisible.

Veo en internet la noticia de una pareja que fue filmada teniendo sexo en la vía pública en la mañana de Año Nuevo. Los comentarios de algunos de los lectores apuntan a que la joven de la pareja es una “maraca”, “deja mal a todas las mujeres” y otra serie de epítetos que la descalifican. Nadie repara en el hombre que conforma al exhibicionista dúo amatorio. La mayoría de quienes emplean los epítetos en contra de la muchacha, son mujeres. Punto ciego: no ven que perpetúan el machismo que tanto critican.

Leemos el diario en conjunto. Nos reímos de un decálogo de recomendaciones de Junji, respecto de cómo estimular a los hijos e hijas durante las vacaciones. El lenguaje falocéntrico está tan instituido que dos de las lectoras comentan que es tan exagerado escribir “hijos e hijas”, “niños y niñas”. Nuevo punto ciego: invisibilizar a las mujeres por economía lingüística.

Pensamiento mágico: en el campo les pegan a los árboles porque no dan frutos, llamándoles la atención; no se debe plantar en año bisiesto, puesto que los árboles no producen; la menopausia con molestias en las mujeres se debe a que se lavaban el pelo o se bañaban durante sus menstruaciones de juventud; las aves bellas no se muestran porque pueden ser ojeadas.

Sesgos, puntos ciegos y pensamiento mágico, everywhere I go.

viernes, 11 de febrero de 2011

Pensando en Gepe


De pronto, me encontré asombrada con la belleza melódica de "Audivisión" de Gepe (2010, Quemasucabeza). No es la primera vez que ocurre.
Hace un mes, en el Festival de Chilenos, que organizó la Radio Cooperativa, quedé más impresionada aún. La noche del domingo era inaugurada por Gepe, que solo sobre el escenario, tocó guitarra, teclado y variedad de percusiones, a veces, de manera simultánea. Dejó muy atrás la última presentación que le había visto (Carnaza, Valparaíso, 2009), en la que se lanzó al escenario acompañado únicamente de la guitarrra y se vio pálido al lado del gran Lisandro Aristimuño.
No. En el Festival de Chilenos, sentí que estaba viendo tocar a un prodigio, al Víctor Jara de este tiempo. Sentí ganas de llorar. Es que si logran concentrarse por unos minutos en canciones como "Alfabeto", "Ayalen" o "Estado de Visita", no cuesta sentir un apretón en el pecho, una especie de sensación de chilenidad, mezclada con melancolía, dulzura y esa suerte de hipnosis musical que todo buen cantautor logra transmitir.
Una pena que se trate del 'ignorado' por Perry Farrell para el primer Lollapalooza Chile. Para mi gusto, Gepe es un músico bastante más alternativo y potente que Francisca Valenzuela o Javiera Mena (a pesar de su asociación con ella en "Lienza").
Me consuelo, pensando en este reportaje del diario español El País, en el que queda como la pequeña estrella del nuevo pop chileno.

domingo, 30 de enero de 2011

Sunday Afternoon

Tres años atrás (increíble, pero cierto eso de cómo pasa el tiempo) mis domingos solían ser solitarios y/o llorosos. O bien, me estaba despidiendo de mi familia y amigos para tomar el bus y volver a Concepción (lo que era terrible cuando el fin de semana en cuestión era Navidad o el día de la mamá), o estaba en Concepción, tratando de que las horas pasaran más rápido, de forma de dejar atrás los domingos solitarios. Era el día de la semana más terrible para mí. Esa sensación de estar sola en el mundo.
Ahora que lo pienso, tampoco es tan malo pasar un par de temporadas solo. Imposible evadir las verdades personales en un mar de gente. Por lo menos yo, aprendí a conocerme bien, a entenderme y tratarme con calma, a saberme y tenerme con paz. Como todos los aprendizajes, costó, eso sí.

Y todo esto me viene a la cabeza porque hoy es domingo. De esos domingos distintos a todo lo que imaginé: mi marido y yo almorzamos en la casa de mi mamá y, luego, caminamos por la playa para mojarnos los pies. La semana pasada, tomamos té con un matrimonio de sus amigos y también salimos a caminar. Qué contraste con los domingos solitarios.

Y esto es lo que pienso: cuánto sufrir, cuánto conocerse en el abandono, cuánto almorzar solo y divagar para que la vida dé una de sus vueltas y te encuentres, no sin sorpresa, en otro tipo de paz.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Linda y el Repartidor de Pasado

Mientras hacía su trabajo, el repartidor podía detener el torrente de pensamientos que normalmente lo agobiaba.

Llevaba diferentes dosis de los tres tipos de cápsulas dentro de su bolso institucional, conforme las guías de despacho que había de entregar.

Y no permitía que nada lo alejara de su ruta, de su camino hacia la inmortalidad y la ejecución del bien, eso que le daba sentido a su existencia.

Sin embargo, una mañana, probó la mercancía y, desde entonces, nada más quería ponerse otra cápsula encima.

La anciana que debía recibir la cápsula había fallecido cuando él llegó. Entonces, abrió el paquete que debió entregar, simuló que la finada lo había consumido y notificó del fallecimiento a las autoridades. Todo conforme a la ley.

Las cápsulas para viajes al pasado estaban distribuidas bajo un estricto sistema de control. Ello, pues cuando se vendieron para libre consumo, muchos se suicidaron al no resistir el presente; otros, perdieron la razón sin poder distinguir sueño de realidad y no faltaron los que se hicieron adictos a su propio pasado por muy infeliz que este fuese.

Sin embargo, el negocio proporcionaba entradas tan inmensas a los productores y calmaba de tal forma a los contestatarios –que quedaban sumidos en sus sueños de juventud–, que no hubo gobierno que quisiera sacar por completo las benditas cápsulas del mercado (en todas partes, por supuesto, debía parecer que las autoridades de salud imponían criterios altruistas).

Ese viaje había llevado a nuestro repartidor a la primera vez que se había enamorado, cuando tenía 16 años y Linda le había entregado su flor. Qué momento más dichoso aquel en que se revela el placer, qué momento más bello en el que los pechos níveos y virginales se dejan atrapar como si fueran dos mariposas jóvenes, el llamado de la especie nos conmina a todos para siempre, pero qué bueno es ceder la primera vez. Los besos de la niña tenían sabor a los duraznos que acabábamos de recoger en la parcela. El verano, el calor, el sol golpeándonos las espaldas. Ella gimiendo la palabra amor, como si se dejara asir con fuerza solo cuando somos adolescentes. Ah, Linda…

La siguiente entrega era, como casi siempre, una anciana con una enfermedad terminal. Los casos de pacientes psiquiátricos eran bastante menos usuales. Lo más normal eran las cárceles y estaciones policiales. Un protocolo de seguridad que exigía una pulcritud que no le molestaba. Pero esa ruta había dejado de hacerla hacía dos años.

El repartidor penetró la morada de la vieja. En la salita, lo esperaba con el juego de té sobre la mesa.

- ¿Gusta beber un té?

- Muchas gracias, señora ¿Tiene endulzante?

- Claro, pues. A mi edad no se puede andar así nada más con lo dulce…

- Si usted lo dice…

- La verdad es que fui sujeto de prueba de estas cápsulas para el pasado. Me cambiaron para siempre. Tengo miedo, pero también esperanza de lo que ocurra esta vez.

- Disculpe, señora, ¿sujeto de prueba?

- ¿Se acuerda de cuando empezó todo esto? Yo era otra. Desencantada, pero joven. Quería que estas cápsulas me devolvieran la inocencia perdida, la pureza… con esa idea fui a la prueba… Pero esas historias son cosa de viejas… Quiero pedirle algo.

- … Si puedo, claro…

- Quisiera que me observara durante los primeros 10 minutos después de consumir la cápsula. No quiero sentirme sola.

La anciana se dirigió a la cocina para traer algunas otras cosas a la mesa. Pocillos con frutas, servilletas y el agua en la cantidad indicada para diluir la cápsula y administrarla según lo indicado.

El repartidor la ayudó a preparar le mezcla y servirla. La anciana tomó un tercio del vaso y sus ojos se llenaron de luz. Y cogió un durazno del pocillo para observarlo como si se tratara de una gema preciosa, antes de engullirlo.

El repartidor no pudo contenerse. Cogió parte del preparado y lo bebió. El agua artificialmente endulzada llenó su boca y enjuagó su apagado ser.

También se hizo de un durazno y recordó a Linda. Ahí venía de nuevo el mejor momento de su pasado. Pero el viaje no se inició al cerrar los ojos. La salita en la que estaba parecía dejar caer su cáscara, igual que la señora que tenía frente a sí. Como una serpiente, la anciana perdía su piel y dejaba aparecer a una mujer tan linda. Él mismo comenzó a sentirse más joven, a ver cómo sus manos gruesas dejaban de ser las de un cuarentón. Cambiaba el color, cambiaba el aroma, cambiaba la textura, la talla, la iluminación. El movimiento alredor de ambos era acuoso, envolvente, irresoluto.

De pronto un ojo fijó la mirada sobre los que tenía enfrente. Había vuelto el verano y el olor a duraznos recién cosechados. Linda estaba frente a sus ojos. Se acercaba a él y enrollaba sus brazos jóvenes en la cintura, apoyaba su cabeza en el pecho.

- Nunca quiero dejarte ir, ¿sabes?

- Siempre te recuerdo, Linda. Siempre vuelves a mí.

- No, no lo sé. Sólo sé que morí después de esta tarde, que mi inocencia nunca más volvió, que nunca más creí.

- No digas eso, Linda. Tú sabes que no pude volver por ti esa vez. Pero ahora vuelvo, no quisiera dejarte jamás.

- Yo siempre he querido volver por ti y hoy te tendré de nuevo.

En un beso dulce, Linda le mordió los labios. Susurró quiero que te quedes conmigo para siempre, algo que el joven repartidor pensó era otra promesa de amor infantil y no una trampa del pasado. Decidió entregarse a esa ilusión, a ese amor que sentía inocente. Cerró los ojos y se dejó llevar. Pasó sus manos entre los cabellos de la anciana y la besó. Bailaron parte de la tarde, hasta que una de las velas de aromaterapia de la anciana cayó al suelo e inició el incendio. Se amaron y así encontraron sus cuerpos entre los vestigios del desastre.

Nuevas víctimas de los fantasmas del pasado –se dijo.

martes, 2 de noviembre de 2010

Recuerdo Prestado



No me acuerdo, pero me lo contó mi amigo Franco: El día que tocó R.E.M. en Santiago fue aquel en el que Barack Obama fue electo presidente de los Estados Unidos.
Me acuerdo, eso sí, de que había una especie de epidemia de esperanza. Recuerdo que lo leí del blog de Roberto Castillo: ese algo en el aire, la gente de los suburbios en E.E.U.U. saludándose con alegría en la calle por las mañanas, como si fuesen viejos amigos.
Me acuerdo de mí misma pensándome testigo de un momento realmente histórico, hace 50 años nadie hubiera creído que existiría un presidente negro. Pensaba en Maya Angelou, en Rosa Parks, en Malcom X... y me brotaban las lágrimas de los ojos... y no porque creyera que el mundo iba a cambiar drásticamente -aunque sí, lo esperaba como todos, esperaba el cierre de Guantánamo y muchas otras cosas más-, pero, en realidad, la razón por la que lloraba de alegría era porque la esperanza ya se había hecho real, porque algo imposible simplemente ya había ocurrido.
Y el recuerdo que me prestó mi amigo Franco: Michael Stipe diciéndole a toda la gente, en medio de esas bellas canciones de R.E.M. que Estados Unidos tenía a su primer presidente negro.

jueves, 28 de octubre de 2010

¿Quién dijo que la selección de personal era fácil?


La gente que desconoce el tema, piensa que la selección de personal para un empleo es algo simple, como si bastase revisar bien el currículum y asegurarse de que el postulante esté limpio en la entrevista. Por supuesto, todos los que se han informado del tema, saben que es un proceso crítico para asegurar que la dotación de la empresa esté a la altura de los requerimientos. Y todos los que la hemos realizado, sabemos que las consecuencias de la selección de personal nos pueden traer estupendas felicitaciones o persistentes dolores de cabeza.
No diré mucho de la película, salvo que parte de una premisa interesante: ¿Qué pasaría si el cargo al que se está postulando es tan, pero tan importante, que ninguna de las vías de acceso tradicionales puede dar cuenta de las respuestas "correctas" del sujeto? En ese caso y, para no pensar en cómo someter a los concursantes a situaciones extremas (que requieran de un presupuesto extraordinario, por ejemplo) , tomen como ejemplo lo que pasa en Exam, donde los 8 postulantes quedan encerrados durante 1 hora y 30 minutos tratando de resolver cuál de ellos es el mejor.

jueves, 12 de agosto de 2010

Todo por Brandy Alexander...


Con poco tiempo para escribir, pero sin poder evitarlo, es que pienso en "Monstruos Invisibles" de Chuck Palahniuk... ¿Quién? dirá alguien por ahí. Pero apuesto que si digo que es el autor de "El Club de la Pelea" (sí, fue libro antes que película), varios dirán aaaahhhh.
Mi historia con el libro es la siguiente: el semestre pasado tuve un estudiante a cargo que es muy interesante. El taller se trataba de activar una relación personal con la lectura y la escritura, y esta bendita criatura me prestó su libro favorito. Y, para ser sincera, es un libro alucinante.
La técnica del montaje es usada y abusada, deconstruida e incluso ironizada en este texto. Los personajes son tan contemporáneos: modelos, transexuales, padres puritanos convertidos en miembros militantes de la Asociación de Padres y Amigos de Gays y Lesbianas, monjas, pseudo detectives gays y uno que otro texano petrolero y millonario forman parte del mosaico de ojos con los que te encuentras a boca de jarro en esta historia en la que todo transcurre rápido para irnos pasmando, asqueando, asombrando y hasta enterneciendo de curiosos modos.
Amo la literatura que te marea, porque no se trata sólo de palabras, sino que te remueve las entrañas. Y lo mejor de todo es que no me lo esperaba. Pensar, a dos días de casarme, en la relación entre la belleza, la identidad y el género, y tener un cariño tan curioso por Brandy Alexander.

martes, 18 de mayo de 2010

Me doy vueltas, pienso, pregunto.



Ayer, me acosté a las 4 de la mañana, terminando un documento para el trabajo.

A veces, pareciera que la vida pierde su sentido y quedo atrapada en eventos prosaicos, pero que -paradójicamente- son aquellos que me entregan las condiciones materiales para escribir, para soñar. Y odié lo que acabo de escribir porque suena a que le creo al materialismo dialéctico.

Pero, quién soy yo, qué hago yo, que me dejo atrapar en situaciones vanas, por tareas que considero absurdas y me aparto de lo que amo: leer poesía en inglés, profundizar en la literatura japonesa, trabajar en la iglesia, cantar por las mañanas mientras riego las plantas y sentir en cada exhalación el amor de Dios, la chispa divina de todo ser humano.

Y repito: quién soy yo, qué hago yo, que creo que puedo apartarme de las tareas que todo ser humano en estos tiempos debe enfrentar: pagar cuentas, sacar la basura, lidiar con personas mal educadas, trabajar por dinero más que por pasión, lavar los platos y la ropa sucia.

¿Alguna idea de cómo lograr el sano equilibrio?

sábado, 13 de febrero de 2010

Una pequeña comparación

Antes, Mal Corazón sonó en una mañana nublada y fría y me embelesó por la bruma.

Hoy, Mal Corazón suena al alba clara y lo escucho tal como es.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

10 Cosas que Amé del 2009


1. Volver a vivir en Viña.
2. Pasar el Año Nuevo con Tomás, Mateo, Santiago, Esteban, Carol y todos los que estuvieron en casa.
3. Mirar el mundo desde arriba del trapecio (fue muy emocionante, gracias Cinthia Vásquez).
4. Enamorarme de un hombre bueno... pero bueeeeenooooooo ...
5. Sorprender a Pedro con la visita de su hermana para el cumpleaños. Aunque hubo alguna que trató, no pudo evitar que lo sorprendiera, jaja.
6. Participar del Directorio de la Iglesia.
7. Leer en el culto y delante de todos, la Primera y Segunda Lectura Bíblica (sentía que se me hacía un hilo de voz).
8. Tener una pequeña pelea de enamorados con Pedro en la Avenida del Mar (era tan lindo el fondo, que hasta arreglaba la discusión).
9. Tener la primera reunión pre-boda con el Pastor de la Iglesia.
10. Rendir la PSU, recibir los resultados y saber que, si quisiera, sería una estudiante de Derecho con holgura.

Los votos de Optimus Prime


Después de algunos meses de ser estrenada, tomé la decisión de arrendar y ver la segunda película de los Transformers para saber, entre otras cosas, por qué hay gente que quiere votar por Optimus Prime para presidente.

La película “de efectos especiales” (si es que tal categoría existe) presenta escenarios espectaculares (ni nada más ni nada menos que las Pirámides egipcias de fondo), para esconder una máquina capaz de destruir el sol y, por ende, toda la vida del Sistema Solar. La existencia y uso de la macabra máquina está ligada a un antiguo conflicto de los hermanos Prime, un clan mega poderoso, compuestos por siete hermanos (si no me equivoco), uno de los cuales quiso utilizarla en la Tierra, un planeta con vida, por lo que fue detenido por todos sus otros hermanos. Este malvado que quiere echar a andar la máquina nuevamente, sólo podría ser detenido con la intervención de otro Prime, es decir, sólo de alguien de su “aceite” (¡!¿?) (… es que, obviamente, la palabra sangre no combina con las máquinas… pero, ustedes me entienden).

Y ahí viene Optimus Prime, revivido y mejorado, gracias a un insignificante humano, a detener a los malos. Cosa que le resulta sencilla, puesto que es demasiado poderoso, justo, considerado y respetuoso (pero sólo con los buenos, porque a los malos los destroza).

Y leo entre líneas, que quienes pusieron y pondrán en el voto que Optimus Prime es quien debe ser electo para las presidenciales, están hasta la coronilla de nuestros políticos demagogos y a la antigua, y anhelan un líder poderoso y magnánimo con quienes son parte de su grupo, y de una rudeza brutal con quienes son sus enemigos. Alguien que no se equivoca en sus juicios porque es fuerte a morir, pero “bueno de adentro”, alguien que es capaz de morir y reinventarse gracias al apoyo de sus amigos…

Y que haya gente votando por Optimus Prime… me hace pensar, ahora mismo, que va a salir Piñera

sábado, 5 de diciembre de 2009

Wishlist

I wish I was a neutron bomb, for once I could go off
I wish I was a sacrifice but somehow still lived on
I wish I was a sentimental ornament you hung on
The Christmas tree, I wish I was the star that went on top
I wish I was the evidence, I wish I was the grounds
For 50 million hands upraised and open toward the sky

I wish I was a sailor with someone who waited for me
I wish I was as fortunate, as fortunate as me
I wish I was a messenger and all the news was good
I wish I was the full moon shining off a Camaro's hood

I wish I was an alien at home behind the sun
I wish I was the souvenir you kept your house key on
I wish I was the pedal brake that you depended on
I wish I was the verb 'to trust' and never let you down

I wish I was a radio song, the one that you turned up

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Mafalda


Como ya se vienen las elecciones...

domingo, 8 de noviembre de 2009

Mañana de domingo, pensando en Pablo


Hace tiempo que le prometí a Pablo que escribiría algo en su honor, dado que se iba a vivir a Bélgica un tiempo y, por supuesto, no cabía la posibilidad de darle un regalo que cupiera en la pequeña maleta que se permite llevar en el viaje a Europa para iniciar, por lo menos, por un tiempo, una nueva vida.

Mi vida con Pablo lejos sigue siendo tranquila, no he llorado su distancia, porque para mí, casi todo sigue igual. Sin embargo, noto mi ilusión: todavía conservo la idea de que vive aquí al lado. A veces, todavía me parece que vendrá un domingo temprano, a pasar la mañana porque las llaves del departamento se le quedaron adentro (en esta parte, viene el emoticon con cara de risa; porque, en realidad, no fue tan así). Todavía pienso que, cuando me anime nuevamente a ir a bailar a Blondie, lo encontraré allí, dando sus magníficos pasos de baile y haremos nuestras pretenciosas danzas de chicos pro. A ratos, todavía espero que suene el teléfono y que me diga que viene a mi casa sólo porque está por aquí cerca, para beber coca cola light y tener largas pláticas, inteligentes y ociosas, un buen rato.

Lo cierto es que nada de eso va a pasar en los próximos meses. Pablo ahora vive en Bélgica y no sé bien qué pasa con él. Final de año me consume y no logro escribirle en extenso y, por ende, no recibo noticias de la vida en la Belgique, salvo por esa canción de Valparaíso que me envió en francés y que permanece como el misterio de su osadía.

Así que lanzo mis preguntas al ciberespacio, pensando en que se responderán algún día: ¿tendrá, Pablo, como nuevo amor a Bruselas? ¿extrañará la comida de Chile, esos tomates húmedos y el vino barato, pero bueno? ¿irán bien esos estudios, esa desafiante experiencia de ser estudiante extranjero? ¿me extrañará Pablo, así como yo, a sus espontáneos diálogos, su presencia casi omnipresente de vecino y asiduo a los mismos lugares, a las mismas bandas, a algunos pasatiempos queridos? y por último, ¿cómo será verlo todo tan distinto, en ese distanciarse, en ese crecer mientras todos los demás siguen igual, sin cambios, en su país natal; sí, finalmente, cómo estará mi amigo Pablo?

lunes, 14 de septiembre de 2009

Pensando en Carla Vera


Ayer me sorprendió el notición: Me llamó mi amigo Álvaro Barrueto y me contó que falleció Carla Vera, en un confuso evento -que la prensa llamó suicidio- y que nadie que la conoció se atreve a llamar de esa forma...

Y justamente, una hora antes, mientras me probaba una blusa ultra linda, semi transparente, elegante y costosa, yo pensaba en ella. Era su estilo de ropa.

Frecuentemente, cuando trabajaba en la refinería, pensaba en que quería ser como la Carla Vera. En ella, todo parecía parsimonioso y calmo. Y no sólo por sus enormes ojos claros y su cara pecosa y dulce, sino que también por su estampa pequeña y refinada, casi enjuta, fotografía perfecta de la belleza que se profesa en estos días.

Yo no dejo de pensar en ella, linda, y las pequeñas conversaciones que sosteníamos en el baño. Y también recuerdo cuando participamos en un Seminario de Responsabilidad Social Empresarial desde el punto de vista del género. Cuando, de vuelta y al bajar de su auto, me caí al suelo y ella corrió a recogerme, tan cálida, tan preocupada.

Quién lo diría. Dicen que la procesión se lleva por dentro. Yo, simplemente, lo lamento. Y pienso en su familia, en su hermano, en su ex novio. Pienso en el 18 triste que pasarán quienes la amaron. Pienso en el agujero en el pecho que, más grande o más pequeño, nos dejó a todos con su caída.